Yoga

El yoga: la práctica que nos ayuda a manejar el enojo y la violencia

¿Quién no ha sentido deseos en algún momento de golpear a alguien en una discusión?

¿Ofender solo por descargar su enojo? Por más pacifistas que seamos, por lo menos alguna vez hemos experimentado estos deseos de retaliación?

El enojo es una de las emociones que más fácilmente podemos distinguir. Es un sentimiento que experimentamos desde que somos niños.

Aunque es difícil escapar de este sentimiento, el yoga nos ayuda a manejar la ira y sobre todo a observarla.

Uno de los principios del yoga es el de no violencia, Ahimsā, y nos enseña a observar y desarrollar la armonía erradicando actos de violencia, ira o venganza, los cuales podemos manifestar con el pensamiento, el discurso o la acción.

En un mundo donde la violencia parece ser un lenguaje universal, es de suma importancia poder observar cuando sentimos esa emoción de ira surgir en nuestro estado mental y de entender cómo podemos practicar el principio de Ahimsā.

Ahimsā forma parte de los yamas (primeros limbos o preceptos de los yoga sutras de Patanjali) y que se refieren a las regulaciones o normas para vivir nuestra relación con los demás.

“Ahimsā es no causar dolor. Himsā significa dolor; ahimsā, no causar dolor. Matar es diferente a causar dolor. Causar dolor o lastimar incluso puede ser más dañino que matar. Incluso con tus palabras y pensamientos puedes herir”, explicaba Sri Swami Satchidananda en el libro Los yoga sutras de Patanjali.

¿CON CUÁNTA VIOLENCIA ME IDENTIFICO?

Es inevitable enterarnos de actos de violencia en las noticias: Acciones de discriminación contra grupos étnicos, enfrentamientos armados, violencia en contra de las mujeres, maltratos a animales indefensos y la lista continúa.

Como no vivimos aislados del mundo, siempre podemos observar si en nuestro comportamiento estamos expresando alguna forma de violencia sin pensar en las consecuencias.

La práctica del yoga de manera integral nos puede ayudar a despertar la conciencia de nuestras acciones, incluso antes de llevarlas a cabo. El yoga me ha  enseñado a observar mis pensamientos y a estar atenta de lo que pienso de mí, otras personas o una situación.

Muchas veces en una discusión tuve deseos de responder ofensivamente, pero en esos segundos en los que atiendo a mi mente y escucho a la otra persona, decido si lo que voy a decir va a ser hiriente o no. Por segundos me detengo, reflexiono, callo y cambio mi estado mental.

Hacer una pausa y respirar me ayudan a evaluar las consecuencias que traerán mis acciones basadas en un estado mental agitado e iracundo.

Puede decirse fácil, pero a mi me ha tomado tiempo, disciplina e intención para aprender ese proceso de observación y la práctica del yoga y la meditación han sido el camino.

Qué mejor manera de comenzar a vivir con el principio de no violencia o Ahimsā que observando lo que pensamos de nosotros mismos.

Quién no se ha insultado por cometer algún error, o haberse comparado con otra persona y menospreciarse a sí mismo. Eso lo podemos cambiar tan pronto se cruza ese pensamiento de minusvalía o complejo.

Otra manera de entender el principio de Ahimsā es cuidando nuestra alimentación. Muchas veces consumimos algo que nos encanta pero a la larga nos perjudica la salud.

Asimismo, el principio de no violencia en el yoga aboga por el vegetarianismo, ya que una dieta basada en plantas evita consumir animales que fueron sacrificados por el placer de comerlos.

Juzgar, insultar y desear con el pensamiento el sufrimiento de una persona o grupo (por muy malvados que sean) también nos hace transgredir el principio de Ahimsā.

MEDITAR CONTRA LA IRA

La filosofía vedanta y muchas otras religiones nos enseñan que los valores de la compasión y el perdón universal son clave para disminuir las impresiones de enojo que traemos.

“Si continúas odiando a una persona u objeto, estás llenando tu mente de impurezas. Volverás opaco tu intelecto y serás incapaz de reflexionar en el espíritu del Ser”, escribe Swami Jyotirmayananda en el libro Yoga essays for self-improvement.

Cierra los ojos y visualiza a ese evento o persona que te causó enojo. Observa cómo reacciona tu cuerpo. Luego trata de imaginar, como un observador externo del suceso, una solución desde ese lugar sin involucrarte.

Allí puedes experimentar cómo se siente en el cuerpo y en la mente que la emoción se transforma.

El principio de Ahimsā también es activo, no se queda solo en orar, meditar o elevar los pensamientos, si no también ayudar para que eventos dolorosos, de violencia o discriminación no ocurran, siempre y cuando esté en nuestras posibilidades.

Podemos impulsar actos de justicia para crear conciencia a través de nuestra opinión y acciones para que haya una sociedad más pacífica y respetuosa, sin denigrar al que piensa diferente.

Creditos: Yoga Internacional

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