Yoga

Suelta, deja ir y crea espacio para lo nuevo

En nuestra cultura tan festiva, llena de colores y matices, existe la creencia de que cerrar ciclos es importante y hasta esencial para el progreso de nuestra vida como seres humanos. La costumbre de cerrar ciclos viene asociada con la parte espiritual, con lo que no se ve, pero se siente.

Casi todas las tradiciones espirituales ofrecen algún tipo de proceso de cierre de ciclos, basándose en el principio que nuestro ser interior necesita hacer algún tipo de limpieza y crear espacio antes de iniciar algo nuevo. Esta limpieza mental, emocional y espiritual, ya sea que la llamemos purificación karmatica, confesión o desprendimiento de lo negativo, tiene el trasfondo similar de limpiar la maleza que vive en nuestro interior.

Textos antiguos hablan de deprenderse de lo viejo y crear espacio para lo nuevo. El libro de Mateo 9:16-18 habla de no remendar un vestido viejo con tela nueva, ya que el remiendo al encogerse tira del vestido y se produce una rotura peor. BKS Iyengar explica la sutra que se refiere al desapego y dejar ir, y en su traducción clásica (Light on the Yoga Sutras of Patanjali, p.152-153) dice que el que vive con firmeza sin excedentes, se da cuenta del verdadero significado de la propia vida, y que cuando estamos libres de cargas mundanas, seremos personas felices y satisfechas.

¿Por dónde empezar a dejar ir y crear espacio para algo nuevo?

Miles de personas viajan a destinos colmados de misticismo en nuestros países llenos de historia, enigmas y monumentos sagrados, en busca de equilibrio espiritual y del punto de inicio del camino a la realización personal. Lo hacen con la convicción de que la energía ancestral de nuestras tierras los ayude a liberarse y a soltar el exceso de carga material, emocional o espiritual.

En un retiro de transformación en las montañas de mi Cusco querido, durante la ceremonia Chamanica de limpieza energética, estuve asistiendo como Curandera al Altomisayoq (Maestro Q’ero) Don Ignacio. Este ritual milenario usado para el arraigamiento a madre tierra, tiene el objetivo de sanación espiritual y empoderamiento. La mesada y ofrenda estaban hechas de flores, frutas, hojas de coca, dulces andinos, hilos de oro y plata. Sentados en un círculo, todos los participantes que no se conocían, parecían ser los mejores amigos de la vida. Se respiraba una paz penetrante e insoluble.

De repente Don Ignacio y yo vimos que una de las muchachas del grupo sacó de su bolso una tiara de novia y la puso a un lado del altar de ofrendas, junto con otros pequeños artículos que parecían ser parte de decoraciones para una boda.

Intuitivamente, Don Ignacio y yo supimos la intención detrás de este acto y lo que teníamos que hacer para cerrar el ciclo espiritual que existía entre los artículos materiales y los sentimientos atados a ellos.

La ceremonia fue magníficamente sanadora para todos. En el momento en que los artículos de boda fueron dejados como ofrenda, se percibió un ambiente de invitación para que todos soltaran y dejaran ir lo que los ataba mental y emocionalmente. Es cierto lo que se dice del poder de pertenencia y solidaridad detrás de una tribu amorosa.

Al término de la ceremonia, alguien preguntó a la muchacha que fue lo que la impulsó a traer todos estos artículos desde los Estado Unidos a las montañas más alejadas del Perú. Ella contó que su divorcio estaba siendo doloroso y que esos artículos tenían un valor irreparable para ella, sin embargo, el peso emocional de los prejuicios hizo que estos artículos que algún día la llenaron de tanta dicha se convirtieran en recordatorios de dolor, traición y culpa.

Y que, además, cuando decidió viajar al Perú, algo dentro de ella le dijo que hiciera espacio en su maleta para esos artículos porque era el momento de soltarlos. Sintió que regresaría hecha una persona nueva. Durante la ceremonia, la muchacha sintió libertad de renunciar a ellos sin ser juzgada. Su espíritu tenía que romper el ciclo de apego con estos artículos para que su nueva vida empiece sin ataduras.

Este suceso me confirmó que no importa dónde y cómo hemos crecido y sido educados. El espíritu que vive en cada uno de nosotros es sabio, y el reconocer nuestros logros y admitir nuestro infortunio, abre la oportunidad de aprender de nuestras propias experiencias, y a su vez, coopera en la liberación de residuos emocionales de todos los que son parte de un ritual como este.

En conceptos de la filosofía de yoga, Aparigraha o la noción de no acumular y aprender a soltar, está vinculada a las yamas o virtudes descritas en el Yoga Sutra. Esta noción propone vivir una vida ligera y sin acumulación o aferrarnos, ya que al hacer esto creamos sufrimiento al vivir apegados a cosas, personas o ideas. Es bueno recordar, que el deshacernos de nuestras pertenencias y buscar refugio en espacios aislados y desiertos, no nos hace libres si nuestra mente persiste en quedar estancada en lo que hemos dejado atrás.

La opción que nos presentan las teorías ancestrales de “dejar ir” lo que ya no nos sirve es muchas veces necesaria para empezar algo nuevo. Sin embargo, ten en cuenta que cuando adquirimos cosas nuevas, nuevos pensamientos, nuevas ideas y nuevos sentimientos, también debemos liberarnos o dejar de lado lo viejo para tener el espacio para asimilar lo nuevo.

La práctica del desapego en año nuevo

Las celebraciones del año nuevo son oportunas para practicar soltar lo viejo y darle espacio a lo nuevo. Nuestras culturas indígenas son ricas en rituales de limpieza espiritual.

Por ejemplo:

· Escribe una carta contándote las experiencias negativas y luego quemarla al aire libre.

· Limpia armarios y bendice la ropa o cosas para el próximo que vaya a usarlas.

· Pon limones en las esquinas de la casa para que absorban toda la carga negativa. Luego exprime el jugo de los limones (si queda algo) o cortarlos y entiérralos en masetas o en el jardín.

· Date un baño con flores de colores, sintiendo como las flores limpian tu cuerpo exterior e interior.

Ten en cuenta de que todo lo que estás dejando ir de pensamiento y acción sea enviado y ofrecido a los grandes elementos de la naturaleza (aire, fuego, tierra y agua). Ellos tienen la capacidad de trasmutar energía y, como supremos alquimistas, transformarán lo viejo en algo nuevo.

Creditos: Yoga Internacional

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